
Hoy en plena dictadura, donde el patriarca autorirario y absurdo se halla más cerca que nunca, no puedo evitar reflexionar acerca de la historia del feminismo en Chile y sus proyecciones.
Primero tengo que decir que es recién en estos años en que puedo hablar abiertamente de feminismo en Chile. Si bien hace años que hay organizaciones que han buscado la emancipación y el librepensamiento de las mujeres como lo fueron los centros anticlerales Belén de Zárraga (1913) en la pampa, el círculo de lectura de Santiago (1915). Nunca ha habido feminismo como tal, ni siquiera en nuestra abortada vía al socialismo ya que la pretendida política revolucionaria de los partidos marxistas se postergó las temáticas referidas a las mujeres por considerarlas secundarias, descartando cualquier iniciativa por impulsar una mayor y profunda transformación cultural que rompiese con el patriarcado.
Sólo ahora cuando hay muchas compañeras que se han salido de los partidos de izquierda por autoritarios o han vuelto al exilio sabiendo lo que significa realmente feminismo, podemos decir con firmeza que somos feministas y que no tiene nada de malo como se ha planteado por el sistema durante todos estos años.
En este logro tengo que destacar el trabajo de Julieta Kirkwood, una compañera socióloga de la Universidad de Chile, quien no sólo ha sabido formular teóricamente el feminismo sino que ha sido capaz de articular el movimiento desde una activa participación política y social.
como ella dice: “democracia en el país y en la casa” Y es así como las feministas hemos tomado un rol protagónico, participando de organizaciones de derechos humanados, marchando y protestando, siendo subversivas desde las entrañas hasta la mente.
"El feminismo rechaza la posibilidad de realizar pequeños ajustes de horarios y de roles al mundo actual, pues no sería otra cosa que la inserción en un ámbito-mundo ya definido por la masculinidad (...) Se trata, entonces, de un mundo que está por hacerse y que no se construye sin destruir lo antiguo" ( Julieta Kirkwood, una historia necesaria)
Y es justamente así como el feminismo se plantea frente al mundo, con una postura claramente libertaria o, como dice la estadounidense Peggy Kornegger, anarquista.
El golpe para nosotras ha significado una crisis, y como toda buena crisis ha sido un estímulo para la reflexión, ya no sólo nos cuestionemos la represión y el golpe en sí, sino que empezamos a descubrir el vínculo entre este sistema patriarcal y en esencia autoritario (con o sin dictador) y la marginalidad e incluso con la cuestión de clases.
La verdad es que tengo mucho que agradecer a Julieta por su lúcida y certera visión feminista, la cual ha otorgado nuevamente la complejidad necesaria a este movimiento. Nuevamente la mujer vuelve a ser un todo y no sólo derechos reproductivos o electorales.
